El boom del comercio electrónico en Chile trajo consigo un desafío ambiental impostergable: la explosión de envases y embalajes que llegan a los hogares. Para enfrentarlo, en 2022 la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), ASIPLA y la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático sellaron un Acuerdo de Producción Limpia (APL) destinado a transformar el packaging del sector hacia un modelo circular.
Tras el cierre de este proceso, conversamos con Verónica Torres, gerenta de Sostenibilidad de la CCS, sobre los hitos alcanzados, las brechas pendientes y cómo estas lecciones definirán las próximas políticas públicas y prácticas empresariales para un crecimiento digital de baja huella.
¿Cuál fue el objetivo principal de este Acuerdo de Producción Limpia en relación con los envases terciarios del comercio electrónico?
Para la Cámara de Comercio de Santiago, el comercio electrónico ha sido siempre un eje estratégico. Hace pocos días, en el marco de la edición N°18 del eCommerce Day Chile 2026, se dieron a conocer cifras que muestran que supera los 10 mil millones en ventas y alcanza una participación relevante en el comercio total, consolidándose como una transformación estructural de la economía.
En ese contexto, el APL buscó reducir los impactos ambientales negativos del comercio electrónico a través del packaging, haciéndose cargo de los residuos que esta actividad genera en los hogares, considerando las regulaciones vigentes aplicadas a esta industria.
¿Qué tipo de empresas o actores del comercio electrónico se sumaron a este APL, y cuántas firmas han adherido en total? ¿Se logró una amplia representación del sector?
El acuerdo destacó por la diversidad del ecosistema convocado, integrando oferentes y demandantes de packaging de distintos tamaños y rubros, junto con toda la cadena de valor del embalaje.
En total, participaron 6 organizaciones —entre ellas ASIPLA—, 7 instituciones de apoyo y 25 empresas que adhirieron con compromisos vinculantes, pertenecientes a sectores como el retail, fulfillment y logística de última milla, lo cual permitió una representación amplia y transversal del sector.
¿Qué compromisos concretos adquirieron las empresas al suscribir el APL?
Para reducir y mejorar los impactos ambientales del comercio electrónico a través del packaging, se desarrollaron estrategias enfocadas tanto en reducir los embalajes utilizados en el comercio electrónico, como en introducir principios o aspectos de la economía circular en su ciclo de vida.
Estas estrategias implicaron la adopción de compromisos por parte de las empresas, relacionados principalmente con la mejora de la línea base, la identificación de oportunidades de mejora y la implementación de planes de acción, los cuales fueron desarrollados a partir de indicadores de circularidad, pautas de diseño y una metodología aplicable a cada organización.
Gracias a dicha metodología, se impulsaron mejoras como el cambio de materialidad o la desmaterialización, generando eficiencias relevantes. El proceso se trabajó mediante jornadas de co-construcción que combinaron visión técnica y necesidades operativas.
¿Cómo se midió el avance del APL y cuáles fueron sus principales resultados y nivel de cumplimiento?
El avance se midió mediante informes de variación de embalajes que comparaban el antes y después de la circularidad del packaging, una vez implementadas las acciones de mejora, las cuales eran medidas con indicadores preestablecidos y trazables.
En términos cuantitativos, el APL avanzó progresivamente en su nivel de cumplimiento. En una primera auditoría se evaluó el 40% de las acciones, con un cumplimiento cercano al 90%. En la segunda —más representativa del cierre— se evaluó el 95% de las acciones, alcanzando un cumplimiento total de 70%, lo cual refleja avances relevantes en circularidad y gestión del packaging.
En lo cualitativo, cabe mencionar la articulación del ecosistema y cadena productiva, la facilitación para la adopción de políticas públicas relacionadas con esta materia, la contribución a la hoja de ruta para un Chile circular, así como la generación de información y conocimiento para optimizar la eficiencia operacional y reducir el impacto ambiental de la industria. En ese sentido, destaca la creación de una academia de packaging para comercio electrónico, que consolida guías y herramientas para mejorar la toma de decisiones.
Si bien se logró una alta cobertura en la medición y los resultados muestran un avance significativo, aún existen espacios para profundizar en la implementación.
Durante la ejecución del APL, ¿qué factores facilitaron el éxito y cuáles fueron los principales desafíos o brechas que identificaron?
Uno de los principales facilitadores fue el contexto: el crecimiento del comercio electrónico y el avance de la regulación en envases y embalajes, lo que generó una necesidad concreta de las empresas por entender y abordar estos desafíos. En ese sentido, fue como “vender paraguas en un día de lluvia”, porque existía una demanda real por estas soluciones.
También fueron clave las jornadas de co-construcción y la participación transversal dentro de las organizaciones, involucrando áreas operativas, logísticas y de sostenibilidad.
Entre los desafíos, se identificaron brechas en la línea base, en el conocimiento técnico, en la necesidad de avanzar en mayor claridad regulatoria y en la adopción interna de estos conceptos.
¿Cómo contribuyó el trabajo conjunto entre la CCS, ASIPLA y otras organizaciones al éxito del APL?
La colaboración fue fundamental. Se trató de un esfuerzo público-privado y multisectorial que permitió articular y consolidar información, conocimiento, experiencia y redes.
Esto facilitó avanzar en soluciones de alcance país, más allá de una empresa en particular, en un contexto de cambios estructurales en la forma de consumo.
¿De qué manera influirán los resultados del APL en las políticas o iniciativas futuras de comercio electrónico sostenible?
El APL permitió visibilizar el problema, aportar soluciones e identificar brechas, tanto regulatorias como en la adopción empresarial.
En el sentido regulatorio, este trabajo puede contribuir a las políticas públicas existentes, donde aún hay vacíos, incertidumbres y reglamentos pendientes.
De todas maneras, se busca escalar y profundizar en este conocimiento a través de la colaboración a nivel local y global.
¿Qué recomendaría a otras empresas del sector del comercio electrónico que aún no se han sumado a esta iniciativa?
El primer paso es generar conciencia sobre el impacto del packaging en el medio ambiente. El segundo es entender que existen soluciones disponibles, muchas de ellas innovadoras, que generan eficiencias y no necesariamente implican mayores costos.
A medida que crece la necesidad, también lo hace la demanda, lo que permite potenciar soluciones y desarrollar nuevas industrias. Además, hoy existen herramientas concretas que orientan a las empresas —incluidas las pymes— sobre las mejores alternativas disponibles.

