El reciclaje en Chile atraviesa un momento determinante. Mientras la industria del plástico y los sistemas de gestión avanzan con fuerza hacia el cumplimiento del Decreto 12 de la Ley REP, la ciudadanía parece caminar a un ritmo muy distinto.
Los últimos datos presentados por ASIPLA en su Estudio de Reciclaje y Valorización de los Plásticos 2024 muestran que la valorización de plásticos en Chile creció un 19% entre 2022 y 2024, pasando de 106.870 a 127.177 toneladas. Este aumento no es casualidad y refleja cómo la industria, impulsada principalmente por una mayor producción de materia prima reciclada a nivel industrial y comercial, está transformando los residuos plásticos en un material más sostenible y esencial para el desarrollo productivo del país.
Sin embargo, el panorama sigue siendo desafiante en el ámbito del reciclaje domiciliario. El estudio de ASIPLA indica que este segmento representa solo el 12% del total de plásticos valorizados en Chile. A su vez, la tasa de reciclaje específica de envases y embalajes —medida por primera vez por el gremio— alcanza apenas un 13%. En otras palabras, la mayor parte de los plásticos que salen de los hogares chilenos continúa convirtiéndose en basura.
En línea con esto, un estudio de 2024 elaborado por Kyklos, a solicitud de ANIR y ReSimple, reveló que del total de material puesto en el mercado, solo el 33% se está valorizando. En el caso de los envases y embalajes plásticos, aproximadamente el 20% —equivalente a 100.000 toneladas— está siendo reciclado.
Este diagnóstico se complementa con los resultados de la encuesta Reciclando-ando 2025, realizada por NielsenIQ junto al Pacto Chileno de los Plásticos y Oceana, que funciona como un espejo social que confirma la brecha. El interés por el medio ambiente sigue descendiendo y se ubica en el lugar 11 entre las preocupaciones de los chilenos, superado por temas como seguridad y empleo. Además, el porcentaje de personas que declara reciclar permanece estancado en un 53%, cifra que contrasta fuertemente con el bajo reciclaje real registrado por los sistemas de gestión.
Aunque existe una mayor familiaridad con la Ley REP y una percepción de mejor acceso a servicios de reciclaje, persisten errores básicos al identificar envases reciclables. Un 38% de los encuestados interpreta erróneamente el símbolo “botar al basurero” como una señal de reciclabilidad, lo que genera contaminación en origen —cuando material no reciclable se deposita en contenedores de reciclaje— o, simplemente, inhibición: ante la duda, muchas personas optan por desechar.
Si observamos ahora el panorama regulatorio, el desafío también es significativo. El Decreto Supremo 12 de la Ley REP fija metas ambiciosas para los envases plásticos domiciliarios, con un 45% de recolección y valorización para el doceavo año de implementación. Al mismo tiempo, este instrumento exige alcanzar para 2034 una cobertura de recolección domiciliaria puerta a puerta de hasta un 80% de los hogares.
Sin embargo, mientras la ciudadanía mantenga un compromiso limitado y el volumen de material reciclable siga siendo bajo, los avances —por relevantes que sean— no lograrán mover de manera decisiva la aguja del reciclaje nacional.
Y ese involucramiento no ocurrirá de manera espontánea. El país enfrenta una disyuntiva estratégica: reforzar la educación ambiental, mejorar la simbología de los envases, simplificar las instrucciones para el consumidor, transparentar los destinos del material reciclado y, sobre todo, conectar la experiencia cotidiana de separar residuos con un propósito claro y tangible. Si las personas no perciben el impacto de su acción, difícilmente modificarán sus hábitos.
En un escenario donde el sistema avanza, pero la ciudadanía retrocede o se mantiene inmóvil, la pregunta vuelve a surgir: ¿estamos reciclando lo suficiente? Las cifras sugieren que no. Pero más importante que el diagnóstico es la oportunidad que este momento ofrece: articular un esfuerzo conjunto —industrias, sistemas de gestión, municipios, recicladores y consumidores— para convertir un desafío estructural en un avance decisivo hacia una economía circular real.
Porque, al final del día, el reciclaje domiciliario no es solo un proceso operativo: es un acto cultural. Y Chile está recién comenzando a dar ese salto.
Para conocer más detalles del estudio visite https://asipla.cl/reciclaje-de-plasticos-en-chile/

