A 10 años de implementada la REP, la gerenta general de ASIPLA, Magdalena Balcells, plantea en esta columna las brechas y desafíos más urgentes que deben resolverse para avanzar en su implementación.
Cada botella, envase o material que una familia separa en su hogar representa mucho más que un residuo: es una oportunidad para recuperar recursos, reducir basura y construir un país más sostenible. Pero para que ese esfuerzo ciudadano tenga impacto real, el sistema de reciclaje también debe funcionar.
Chile enfrenta hoy un desafío evidente: seguimos reciclando poco y estamos avanzando más lento de lo que exige la transición hacia una economía circular. A diez años de la promulgación de la Ley REP, la experiencia nos demuestra que no basta con tener metas ambiciosas; también necesitamos un sistema capaz de cumplirlas de manera eficiente, transparente y conectado con la realidad operativa del país.
La Ley REP ha sido un pilar fundamental. Permitió instalar el concepto de la responsabilidad compartida sobre los residuos y abrir una conversación que hace una década parecía lejana y ajena a nuestra realidad. Sin embargo, su implementación ha dejado en evidencia brechas importantes entre el diseño normativo y la realidad que enfrentan municipios, sistemas de gestión, gestores y ciudadanos.
En la Mesa Ejecutiva para la Productividad de la Ley REP (MEP REP), impulsada por CORFO, trabajamos durante meses junto a otros gremios, municipios, autoridades y recicladores de base para identificar las principales trabas del sistema y proponer soluciones concretas. El diagnóstico fue claro: existen rigideces regulatorias y operativas que hoy limitan la capacidad de adaptación del sistema y ponen presión sobre el cumplimiento de las metas de reciclaje.
Procesos licitatorios complejos, planes de gestión excesivamente rígidos, retrasos burocráticos y barreras financieras están dificultando que la REP opere con la flexibilidad que requiere un sistema dinámico y territorialmente diverso como el chileno. La economía circular no puede funcionar atrapada en rigideces burocráticas. Cuando la regulación pierde capacidad de adaptación, el sistema deja de promover y habilitar el reciclaje y comienza a frenarlo.
Otra realidad que ha quedado en evidencia en estos dos años de implementación del decreto de Envases y Embalajes de la Ley REP es que hoy existe una importante porción de la valorización que no está plenamente integrada al sistema REP. Esto significa que Chile cuenta con actores, infraestructura y experiencia que podrían aportar mucho más al cumplimiento de las metas REP si existieran mejores condiciones regulatorias y operativas para incorporarlos.
Pero el desafío no es únicamente técnico. El reciclaje en Chile también enfrenta una barrera cultural profunda. Solo el 27% de los ciudadanos declara reciclar mucho o bastante, mientras que las principales dificultades siguen siendo la falta de costumbre y de información. Reciclar no puede depender únicamente de la buena voluntad de las personas: requiere educación ambiental permanente, infraestructura disponible y coordinación efectiva entre municipios, empresas y autoridades.
Por eso, avanzar en reciclaje exige mucho más que normas. Necesitamos fortalecer la educación ambiental, avanzar en eco etiquetado, mejorar la trazabilidad y generar condiciones que permitan que el sistema funcione con mayor transparencia, eficiencia y participación ciudadana.
En este contexto, el desafío es mirar el futuro con responsabilidad. Reciclar no es solo separar residuos: es construir un país más sostenible, aprovechar mejor nuestros recursos y asumir un compromiso concreto con las próximas generaciones.
Chile tiene hoy una oportunidad real de fortalecer la Ley REP y consolidar un sistema de reciclaje moderno y efectivo. Transformar las trabas en soluciones no es tarea de un solo actor: es una responsabilidad compartida y una decisión que no puede seguir esperando.

